Gracias por hacer parte de EQP

Una historia para cerrar el año, y clases (y descuentos!) para el 2025.

¡Hola! Aqui Alejandro. Porfi lean hasta el final :)

En este último mensaje quiero agradecerles por el año que termina: el año donde dimos el salto cuántico a tener un espacio propio. De ese espacio se desprende una cifra hermosa: gracias a su apoyo, pudimos becar total o parcialmente al 33% de nuestros 456 estudiantes en 2024. Es una cifra descomunal para una escuela pequeña e independiente.

Para ayudarnos a batir ese número en 2025, les tengo una petición basada en nuestra triste realidad capitalista. Ya lanzamos las siguientes clases de niveles 1 a 5, iniciando en enero. Si puedes inscribirte de una vez a clase, nos estarás ayudando a pagar el arriendo en estas semanas de inactividad. Como incentivo, si te inscribes antes del 3 de enero, recibes un 10% de descuento.

¡También puedes comprar un bono de clase como regalo en navidad! Y si aún no está disponible la clase que quieres (o si quieres ayudarnos un montón), puedes comprar bonos de clase (con el 10% de descuento!) para aplicarlos más adelante y entrar derechito a las clases que quieras.

📰Impro Niveles 1 a 5, y Bonos de clase!

Toda la información para inscribirte a las clases, incluyendo bonos de regalo, está disponible en nuestro linktree. Ya sabes cómo ayudarnos a crecer: comparte e invita🙂 

Y ahora, la parte importante…

🏠Gracias por estar aquí.

El Quinto Pulgar no nació de forma intencional. Empezó con un taller en diciembre de 2018 porque yo estaba desparchado y quería hacer amigos haciendo impro (porque no sé cómo más hacerlos). Creció poco a poco, haciéndose más sólido conforme más personas depositaron allí alguna fracción de su deseo: el de hacer amigos, de hacer arte, de explorar y existir en comunidad.

Cuando EQP empezó, no había fotografía a color. (Diciembre 2019)

Hay quienes dicen que crecimos rápido, pero yo creo que lo contrario es cierto. Crecimos poco a poco, porque así es como se tejen las comunidades. Para crear las estructuras que facilitan un arte colectivo sustentado en la confianza, se debe progresar al ritmo de las relaciones: haciendo meandros, despacito y con paciencia. Es la forma más lenta, pero deja las estructuras más fuertes. Toma mucha atención, pero creciendo así, uno siente cuando el tejido empuja hacia afuera, queriendo abarcar más, pidiendo más espacio.

El ensayo de fin de año de 2021 (colorizado).

En 2023, se hizo evidente que necesitabamos un lugar propio. Se había vuelto una pesadilla encontrar espacio para todas nuestras clases, y hacer el Napolitano una vez se estaba volviendo insuficiente para alimentar a los 5 equipos de la casa. Intentamos aliarnos con otros espacios, pero nuestro modelo de producción (invitar mucha gente para poder cobrar poco) resultaba inviable en colaboración con otros. La respuesta era clara: debíamos expandirnos, o morir.

Para mi, fue aterrador. Me reuní con muchas personas. Pedí consejo. Tener que sostener un espacio significaba crecer rápido y nunca poder parar. Con obligaciones contractuales de por medio, el ritmo ya no lo pondríamos nosotros: lo pondría el precio del arriendo.

Mi gran temor era que el tejido no estuviera listo. Que por estirarnos de pronto y cubrir un montón de terreno, nos ibamos a rasgar, y todas las relaciones que habíamos construído se iban a dañar, a deshacer y dispersar, incapaz de sostenerse ante el peso de tanta obligación.

Nos tomó seis meses encontrar la casa en San Felipe, y una parte de mi no quería aceptarla. Era perfecta, pero era mucho más grande de lo que presupuestamos (más de cuatro veces por encima del tope de arriendo que habíamos puesto.) Lo que siguió fue un salto de fé.

La apertura de la casita, en Mayo de 2024.

Pasamos de tener un show al mes (si queríamos) a tener dos por semana (mínimo y obligatorio). Empezamos a operar una casa, y un bar, a tener empleados y nómina y contratos y arriendo y servicios y proveedores y redes y clases y plantas y goteras y una grieta en la pared del salón verde donde Santiago Espinosa en una escena le dió una patada al panel yeso.

Lo más sorprendente de todo es que el tejido no sólo sobrevivió: se hizo más fuerte. Estaba listísimo, como una criatura durmiente que esperaba su momento. Se extendió por toda la casa, declarandola suya e hilando a todo quien pasó por sus puertas, explicando su credo a quien quisiera entenderlo, y gentilmente ignorando a quienes no estuvieran dispuestos a seguir sus mínimas del cuidado y del respeto.

El hermoso desorden de nuestra apertura.

Tú hiciste que esto fuera posible.

Gracias por traerle a este tejido tu presencia, tu esfuerzo, y tu cariño. En un mundo que se esfuerza por hacer de todos nosotros un bien escaso, el regalo más entero que podemos dar es nuestro tiempo y nuestra atención. Podrías haber hecho cualquier cosa. Invertido tu tiempo en mil otras actividades. Pero estuviste aqui, siendo partícipe con tu trabajo, tu mirada y tu entusiasmo. Gracias por estar aquí.

Mi meta es que El Quinto Pulgar sea un río: un lugar que nutre lo que toca, que trae descanso y sustento, y que hace la vida más fácil. Un lugar que se hace mucho más grande que la suma de sus partes. Un lugar que puede catalizar cualquier meta que alguien más le traiga, con tal de que esa meta sea justa y bondadosa.

Aún me cuesta creer que hayamos sobrevivido a este año. Seguro me tragaré mis palabras, pero siento que la parte más difícil ya pasó: estamos en marcha y tenemos el viento a nuestras espaldas. La comunidad está más viva que nunca, y pulsa con el del deseo de incluir a más personas. Aún ahora, el tejido empuja.

Espero que tengan un gran fin de año con sus seres queridos. Les deseo descanso y reconexión. Y espero verles pronto el próximo año para retomar donde dejamos. Porque yo no sé ustedes, pero yo quiero ver a dónde nos lleva el río.

- Alejandro